En días como estos en lo que tu cabeza va a mil por hora, en los que no puedes para de pensar, de mirar al pasado, de buscar errores y posibles soluciones te das cuentas que al final nada salió como lo planeaste. Te haces consciente de que ese gran castillo, tu vida, que tanto te costó construir se esta derrumbando. Sus cimientos son cada vez más débiles y se estructura se tambalea. Tu ánimo es frágil y tus fuerzas están al límite.
No encuentras por más que buscas ansiosamente ni una sola razón por la que seguir adelante. Has caído en la cuenta de que este hostil mundo en que vives está lleno de seres sin alma que se mueven por interés, buscando únicamente su felicidad.
Lo único que te queda es resignarte, intentar sobrevivir. Sacar lo bueno de cada instante, vivir como si no hubiese un mañana. Pero ni eso puedes hacer. Hace tiempo marcaron tu destino, tal vez contra tu voluntad, y aunque quieres romper con todo sabes que no puedes decepcionarlos, aunque ellos te decepcionen constantemente.
Quizá no fuiste el bueno de la película como tú siempre creíste y quizás todo lo que hiciste fue insuficiente para mantenerte a flote. El tiempo no se queda con nada de nadie, y lo que das lo recibes.
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